viernes, 27 de junio de 2014

LA CONTAMINACIÓN SILENCIOSA

Resulta muy cómodo disponer de cobertura de telefonía en las cumbres de una montaña y desde allí, poder telefonear a nuestros contactos o enviarles una imagen del hermoso paisaje realizada al instante; pero también nos debe sorprender que en ese lugar primigenio y en teoría limpio, podamos recibir radiaciones electromagnéticas (una combinación de ondas eléctricas y magnéticas), la moderna contaminación silenciosa. 

Los usuarios de telefonía móvil se han multiplicado en los últimos años. Desde que el teléfono móvil entra en el mercado de nuestro país en 1976, el número ha crecido exponencialmente. A mediados de 2013, el número de líneas de telefonía móvil para comunicación personal era de 51.927.748 (¡¡en España hay más móviles que habitantes!!). En paralelo a esta revolución tecnológica y como era de esperar, en los últimos meses se ha hablado y escrito mucho de las patologías asociadas al uso de móviles y sobre la contaminación electromagnética en general. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado hace ya algunos años (31 de mayo de 2011) a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posibles cancerígenos en los humanos, basándose en un mayor riesgo de aparición de glioma (un tipo de cáncer del cerebro), asociado al uso de teléfonos móviles. 



Por otro lado existen otros importantes factores de riesgo; los campos magnéticos de baja frecuencia (producidos por las torres de alta tensión, los transformadores urbanos y las instalaciones eléctricas) ya fueron clasificados por la OMS como posibles cancerígenos en 2002.

Es importante recordar además que la radiación electromagnética de las antenas de telefonía y de las líneas de alta tensión puede interferir en los sistemas de orientación de las abejas y está relacionado con el “síndrome de despoblamiento de las colmenas”, caracterizado por el colapso y posterior abandono de las colonias de abejas que desaparecen para morir. Debemos tener en cuenta que las abejas desarrollan una función importantísima (fundamental podríamos decir) en los ecosistemas y en la polinización de hasta el 80% de las plantas útiles para los humanos.

Abejas y móviles, una alianza peligrosa (http://habitatsalut.com/)

Por otro lado, los sistemas Wi-Fi de conexión inalámbrica a internet se utilizan cada vez de forma más generalizada en escuelas, institutos, academias, bibliotecas, negocios de informática, transporte público, parques, ayuntamientos, bares y otros lugares de esparcimiento, etc. Es preocupante, según varios estudios científicos realizados con niños expuestos a esas radiaciones, la existencia entre ellos de un déficit de atención, de trastornos motores, de la memoria y del tiempo de reacción; varios investigadores han advertido además sobre los posibles riesgos en el aprendizaje debido a esa exposición. Los teléfonos inalámbricos son todavía más peligrosos que los móviles pues emiten ondas microondas decenas de veces mayores que las antenas de telefonía, traspasando paredes y llegando incluso a otras viviendas. 

Los efectos de dichas tecnologías sobre nuestro organismo son acumulativos y el riesgo es mayor para grupos de población vulnerables (niños, mujeres embarazadas, ancianos y enfermos). Las radiaciones electromagnéticas han desencadenado la aparición de enfermedades hasta ahora desconocidas, como la hipersensibilidad electromagnética, reconocida en otros países pero no en España. Existe numerosa literatura científica independiente que señala que los niveles de contaminación electromagnética a los que se expone diariamente la ciudadanía son inadmisibles y suponen un riesgo grave para la salud o para el medio ambiente.

De forma global, en muchas ciudades escasean espacios libres de radiaciones (las denominadas zonas blancas). De ahí que, por esos motivos, parece lógico protegerse de la contaminación electromagnética, que no se ve, no se oye pero existe.

Quizá los efectos en nuestra salud derivados de la telefonía y que conocemos actualmente van a ser diferentes a los que encontremos en el futuro. Según el principio de precaución, la industria debería demostrar que los productos y tecnologías que pone a la venta son totalmente seguros: un servicio todavía inexistente en nuestro país. De hecho, en algunos estados de EE.UU. existen normativas que obligan a los comerciantes de móviles a informar de la intensidad de las radiaciones de uno u otro modelo.

Los poderes públicos deben tomar además cartas en el asunto. Parece que la legislación española es todavía muy permisiva con la contaminación electromagnética. Son necesarias ordenanzas municipales que incluyan limitaciones de los niveles de exposición, marcar distancias mínimas, establecer zonas blancas. La Asamblea del Consejo de Europa ya aprobó el pasado 27 de mayo de 2011 una resolución que insta a los gobiernos europeos a adoptar medidas necesarias e inmediatas para reducir la exposición de los ciudadanos a todo tipo de radiaciones electromagnéticas.



No se puede someter a una irradiación masiva y sin consentimiento a toda la población para que unas pocas personas puedan conectarse. Debemos defender un espacio público libre de radiaciones innecesarias. Debemos utilizar el principio de precaución.

Algunos consejos para reducir la contaminación electromagnética.

o En vez de telefonear utilizar comunicaciones fijas sin irradiación: correo electrónico, teléfono fijo o sms. En caso necesario reduce el número de llamadas y su duración.
o No hablar por teléfono cuando la cobertura es baja o en lugares cerrados, automóviles, ascensores, etc. Para mejorar la comunicación, el móvil aumenta su potencia
o Al marcar el número no acercar a la cabeza hasta que se fije la llamada; mientras el teléfono busca la  mejor antena receptora la a potencia máxima.
o No llevar tu móvil cerca del cuerpo.
o No regalar un móvil a un niño pues su organismo es más vulnerable. Se desaconseja su uso antes de los 15 años (fase de crecimiento, con menor masa de tejidos, cuando las radiaciones tienen una nocividad incrementada).
o Valorar los posibles impactos del Wi.Fi en tu ciudad o en colegio de tus hijos. La alternativa más sensata es el cableado desde el ruter hasta el ordenador. 
o No dejar el móvil o el WI-Fi encendidos todo el día o durante la noche.
o Exigir a los gobernantes la creación de zonas blancas (libres de contaminación electromagnética).

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