martes, 4 de noviembre de 2014

PEZ SOL, CONDENADO A VIVIR ENTRE NOSOTROS

Visones americanos en Galicia, mejillones cebra procedentes del Mar Negro en Burgos, lucios centro europeos en Zamora o caracoles manzana oriundos de Sudamérica en Tarragona. Parece una broma, pero es una realidad. Las especies exóticas invasoras son un conjunto de animales y plantas que, procedentes de otras regiones o países han sido introducidas por el hombre en un nuevo ecosistema, lejos de su lugar de origen. Aunque muchas introducciones son accidentales, la mayoría son intencionadas y en general se deben a la pesca deportiva, el transporte, la jardinería, la caza, etc.

En un nuevo hábitat, las especies exóticas invasoras pueden seguir dos caminos; no adaptarse y desaparecer o al contrario, adaptarse y aumentar sus poblaciones, convirtiéndose en invasoras y suponiendo incluso una importante plaga. Los problemas relacionados con la presencia de estas especies son múltiples (económicos, sanitarios, ecológicos, etc.). Constituyen uno de los principales obstáculos de la conservación de la biodiversidad global y se estima que el 40% de las extinciones de especies se debe a su presencia.

En España son ya casi 1500 las especies exóticas invasoras o que están a punto de serlo. En Zamora tenemos numerosos ejemplos; las chumberas, la hierba de la Pampa, la robinia pseudoacacia o el ailanto, compiten con la vegetación de las laderas o de las riberas. La almeja asiática, el visón americano, el cangrejo rojo, el lucio, la gambusia, el black bass, el alburno y la lucioperca, están alterado el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos o eliminando los peces autóctonos, los de toda la vida.

Lepomys gibbosus
Desde hace más de quince años tenemos en nuestras aguas al pez sol o perca sol (Lepomys gibbosus); originario de Norteamérica, se distribuye desde Canadá hasta Florida. Fue introducido en la Península Ibérica en 1964 por causas relacionadas con la pesca deportiva. Su colonización ha sido muy rápida y actualmente es muy abundante en nuestros ríos y arroyos. Algunas hembras pueden poner entre 500 y 40.000 huevos al año, por lo que nos podemos hacer una idea de su abundancia. Además cuando son adultos apenas tienen enemigos, pues su espina dorsal posee rígidos radios que se pueden incrustar en la boca de los potenciales depredadores (garzas, cigüeñas, lucios, etc.).

El principal problema derivado de su presencia es la voracidad; en su dieta incluyen numerosas huevos de peces autóctonos (barbos, bogas o bermejuelas); suponen por tanto una verdadera pesadilla para esas especies, que van quedando acorraladas en los más apartados rincones donde el pez sol aún no ha llegado.

Aunque estamos condenados a convivir con esta especie (pues su erradicación es imposible), debemos tomar nota de la enorme problemática derivada de su presencia y de las especies exóticas invasoras en general. La legislación de pesca de la comunidad Castilla y León considera al pez sol una especie nociva y no autoriza la devolución a las aguas de cualquier ejemplar capturado, debiendo ser sacrificarlo para evitar su progresión. Quizá sea demasiado tarde.

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