sábado, 3 de agosto de 2013

SOBRE NUESTRO ÚLTIMO CURSO SOBRE EL LOBO

Los últimos días de Julio, han sido el marco temporal elegido para desarrollar un nuevo curso  monográfico sobre el lobo: Conservación, gestión y patrimonio cultural asociado al lobo en el Noroeste de Zamora (Sanabria y Sierra de La Culebra). Y esta nueva entrada de blog, pretende ser un resumen sucinto de las intensas emociones, los múltiples detalles y las numerosas observaciones que la naturaleza nos ha regalado entre el miércoles 24 y el domingo 28. Nos resulta increíble poder trabajar en lo que más nos gusta, mejorando poco a poco el conocimiento del lobo en la sociedad y poder dirigir nuestros esfuerzos hacia un cambio de percepción sobre esta especie.

Después de dar la bienvenida a los participantes, tras la charla introductoria sobre el contexto biogeográfico y el ecoturismo y después también, de cenar en la Hospedería El Pico del Fraile, nos adentramos –a la luz de la luna- en la abundante tradición oral que el lobo ha dejado en los habitantes del noroeste zamorano. El romance de la loba parda o la historia de “El Litri” (un valiente mastín que desarrolló su vida “profesional” en los valles cercanos a Riomanzanas),  introducen a los participantes un poco más, en el mundo del lobo y en sus relaciones con el hombre.

Durante la charla introductoria.
El romancero del lobo a la luz de la luna.


Tras un primer y duro madrugón (típico de estas fechas veraniegas) y tras desplazarnos hasta la espera cuando la luz es aún escasa, el amanecer se presenta atípico: hay niebla y estamos a finales de Julio. Los telescopios montados, tienen que esperar más de una hora para comenzar a trabajar y todos nosotros, nos vemos obligados a charlar un rato, en voz baja y al abrigo de unas peñas, mientras dirigimos nuestras miradas al lugar donde se espera el sol. A partir de las 8:15, la bruma comienza a desaparecer y empiezan a dominar los claros; observamos un buen puñado de ciervos, algún cervatillo acompañado de su madre y un macho de aguilucho cenizo. El tiempo que nos espera en los siguientes días es perfecto.

Los telescopios en un descanso matinal motivado por la niebla.
Realizando una espera en la comarca de La Carballeda.


Un lobo cazando va a ser el protagonista absoluto del tercero de nuestros intentos de observación. A las 8:10 de la mañana uno de nosotros canta con firmeza la expresión más esperada…¡un lobo! La luz de la mañana sobre el matorral hace destacar a casi dos kilómetros de distancia el movimiento de un lobo que se mueve al trote por un cortafuegos durante varios centenares de metros para desaparecer en un bosquete. La alegría de todos los participantes es enorme y se manifiesta con múltiples abrazos e incluso en alguno de ellos con lágrimas en los ojos…”¡casi cuarenta años esperando este momento!” afirma uno de los observadores. Pero la secuencia del día no había acabado. Numerosos ciervos salen huyendo -de la espesa mancha de árboles donde el lobo se había ocultado- a los brezales que lo rodean; el lobo aparece de nuevo en el campo visual, acorta distancias y se centra en perseguir a una cierva con una cría. Durante unos 1.200 metros (según la cartografía), el lobo persigue a los dos herbívoros al galope entre el matorral; la cría, a pesar de su corta edad (unos dos meses) no se despega lo más mínimo y durante toda la secuencia de su madre. Selección natural pura y dura. Un proceso que ha marcado la evolución y que se manifiesta todos los días en el noroeste zamorano.



Un hermoso lobo campeando en su hábitat.

Las representaciones etnográficas relacionadas con el lobo no han faltado en nuestro curso. Hemos conocido en detalle las carlancas, utilizando para ello una colección propia realizada durante los últimos años. También hemos visitado el centro de interpretación de la vida pastoril “Los Corralones”, de Ferreras de Arriba donde hemos profundizado en las costumbres pastoriles, en las razas ovinas, en las rutas de trashumancia o en el atuendo de los pastores. Hemos conocido de cerca las impresionantes trampas cinegéticas históricas para cazar lobos de Lubián y Barjacoba. En el entorno del Curro de Barjacoba, han sido abundantes los corzos (algunos de los cuales en pleno apogeo amoroso); además hemos  observado durante más de una hora un ejemplar de águila real de dos o tres años que, atalayada en unas peñas, oteaba las praderas cercanas quizá en busca de liebres, perdices rojas y perdices pardillas. Un atardecer espectacular cerró el tercer día de nuestro curso.


Un estudio de las carlancas.
Conociendo la cultura pastoril de la Sierra de La Culebra.
Asomados al Curro de Barjacoba,

El jabalí, una especie complicada de observar en los prados de la Culebra, nos sorprendió con dos bellas secuencias. Por un lado nos deleitamos con un grupo familiar compuesto por varias hembras y sus crías alimentándose entre los matorrales y los claros de una ladera; este tipo de asociaciones entre hembras supone quizá, una herramienta de primer orden para defender a los rayones de los lobos. También observamos (aunque no todos) un bello ejemplar de muy buen porte parado junto a la carretera a las doce de la mañana, que incluso se mantuvo inmóvil unos segundos tras bajarnos del automóvil para observarle; quizá una cuadrilla forestal cercana que se encontraba trabajando en un robledal cercano desencamó al marrano de su refugio diurno.

No podemos olvidar tampoco a otras especies de fauna que también han sido protagonistas estos días. Varios ejemplares de liebre ibérica se han puesto delante de nuestros vehículos, para lo que hemos tenido que ser enormemente pacientes, apagar las luces y esperar que las rabonas encontraran su camino en el matorral, alejados de las peligrosas carreteras. Hemos observado también durante estos días un zorro, varios conejos y un par de erizos comunes (uno de ellos una cría). Las ciervas y los cervatillos (de hermosa librea y algunos que hemos observado lactando) y los venados, han sido otros también protagonistas de la semana.

Una cierva entre el matorral.
Venados luciendo el terciopelo.
Unidad familiar de hembras de ciervo. Cervatillo con su moteado característico.

Como estaba previsto, Jorge Echegaray participó una vez más en el programa del curso, pero esta vez, su interesante charla fue impartida por Skype. De hecho, en los últimos años, este sistema se utiliza cada vez con mayor frecuencia en jornadas, cursos, congresos, etc. Son muchos los motivos y no es necesario explicar la necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero derivados del transporte y que de este modo, se minimizan. Un granito de arena en lo que desde Llobu, consideramos que debe ser el ecoturismo.


Jorge Echegaray en su intervención por Skype.

La visita a la explotación ganadera de Alberto fue como en pasadas ocasiones, espectacular. Sus mastines, sus perros carea, su millar largo de ovejas, sus encuentros con el lobo y especialmente, su simpatía, su capacidad para transmitir el amor por su trabajo y su sentido del humor, han  sido una vez más, un recurso importantísimo, un pilar podríamos decir, del desarrollo de nuestros cursos. No entendemos la ganadería si no es correctamente manejada y defendida del lobo. Un ejemplo a seguir de coherencia y sostenibilidad. Ganados, lobos y humanos en un mismo territorio ¡es posible!


Alberto en su explotación.
Mastín alimentándose.
Rebaño de oveja castellana.

El conocimiento riguroso del lobo se manifestó de diferentes formas. Y no faltó una actividad que tanto gusta a los participantes y que denominamos “El lobo en detalle”. De ese modo, los cursistas conocieron de cerca los secretos de la craneometría del lobo y del perro (diferencias, ángulo de Iljin, maseteros, cresta sagital, muelas carniceras, etc.), así como los tipos de pelo (jarra, borra y vibrisas) y otros pormenores del pelaje de los lobos ibéricos (mancha masetérica, gola, silla de montar, mancha de la glándula violeta, etc.).


Un estudio sobre el esqueleto del lobo.
Cráneos de lobo en primera fila y de perro al fondo, durante un taller de craneometría.
Profundizando en los diferentes matices del pelaje de nuestros lobos.
María Martín aportó su experiencia con el análisis de noticias de prensa sobre el lobo y apostó por buscar soluciones al conflicto (irreal y deformado) que ofrece la prensa y otros medios de comunicación sobre el lobo. De ahí sus sugerencias para que todos los ciudadanos colaboremos en cambiar este aspecto que tanto puede influir en la conservación de nuestros lobos.


Sabias sugerencias en la charla de María Martín.
La última espera nos brindó la oportunidad de observar un nuevo lobo desplazándose por un cortafuegos a las 8:15 de la mañana. Aunque la distancia era larga (cerca de dos km), la potencia de los telescopios nos permitió disfrutar de un par de minutos de esta joya zoológica en su hábitat. De igual modo,  la postura del animal mientras orinaba, nos permitió identificar su sexo, en este caso una loba. No disponemos de imágenes de esta secuencia, que sin duda quedará en nuestro recuerdo y con todo detalle, en nuestro cuaderno de campo.

Queremos agradecer desde este blog a Toño y a Mónica, gerentes de El Pico del Fraile (en la localidad de Cobreros), su profesionalidad, su gastronomía y entusiasmo por el trabajo que hacen; gracias también por apoyar nuestras ideas y nuestra filosofía de trabajo, por apostar con decisión por un turismo diferente, un turismo responsable (o al menos lo intentamos con muchas ganas) y calidad que busca hacer compatible el desarrollo con la conservación de la naturaleza.

En El Pico del Fraile gastronomía y vino tinto, manjares de dioses.

Por último, antes de la foto de grupo, los participantes recibieron un certificado de participación emitido por LLobu, una postal (con una estupenda fotografía cedida por Jose Barrueso ¡gracias Pepe!), además de numerosos materiales sobre el lobo (artículos, documentales y otros) en formato digital (evitando así la impresión de numerosas copias en papel y contribuyendo un poco más a la sostenibilidad ambiental).
¡Esperamos que os haya gustado la entrada! ¡Gracias a todos por seguirnos!


Cristobal con su certificado de participación.
Foto de grupo en la puerta de El Pico del Fraile.


miércoles, 24 de julio de 2013

DE ITINERARIO POR SANABRIA: EL ENTORNO DE SOTILLO

El entorno natural de Sotillo de Sanabria ha sido el escenario elegido en uno de nuestros últimos itinerarios. Acompañando a un grupo multidisciplinar compuesto por cinco personas procedentes de Zamora (un biólogo especializado en botánica, un geólogo, un estudiante de geología y dos senderistas), nos hemos adentrado de nuevo en una de las zonas más bellas del noroeste provincial.

Interpretando un acebo "hembra"
El objetivo del itinerario ha sido por un lado, conocer las principales especies botánicas y además, interpretar el paisaje y la historia geológica de este territorio, localizado en la fracción sur del Parque Natural del Lago de Sanabria y Alrededores.

Robledal de Quercus pyrenaica
Hojas profundamente lobuladas y aterciopeladas por el envés del roble
Durante el inicio del recorrido hemos disfrutado de los robledales de Quercus pyrenaica o roble melojo, que mezclados con pies de avellano y acebo, dan cobijo a numerosas especies de aves forestales. Los chillidos del arrendajo, conocido como pigarro en estas tierras, nos avisan de su presencia en el bosque. En los caminos, son abundantes los escarabajos peloteros del género Geotrupes trabajando los excrementos de los zorros (y de otros animales) y alcanzando en ocasiones concentraciones importantes; de hecho su abundancia hace complicado con frecuencia evitar su pisoteo, encontrando durante la ruta numerosos individuos aplastados quizá por los senderistas menos cuidadosos. También hemos observado (y apartado del camino para evitar su aplastamiento) algunos grillos de bosque (de menor tamaño que el grillo que encontramos por ejemplo en los medios agrícolas) y varias babosas negras del género Arion, de enorme belleza y que se alimentan de carroña, estiércol o materia vegetal en descomposición.

Escarabajos peloteros trabajando una boñiga
El Valle del Arroyo de las Truchas cerca de la línea superior del bosque
Los claros del robledal nos han deleitado también con una abundancia inusual de azucenas silvestres (Lilium martagon) también llamadas martagones o lirios llorones. La belleza, colorido y espectacularidad de esta planta -distribuida por los bosques de gran parte de Europa- llama la atención del visitante más despistado. También nos hemos deleitado con numerosos ejemplares de Linaria triornitophora. Una vez más, desde Llobu agradecemos a los senderistas más sensibles por respetar estas plantas de enorme elegancia y por no dejarse arrastrar por los impulsos recolectores.

Azucena (Lilium martago) en un claro del robledal
Linaria triornithophora
El agua de la sierra cae con fuerza por los valles, regando las vallejas más umbrosas y dando forma a espectaculares imágenes, como la Cascada de Sotillo, que a finales de Julio todavía trae un buen nivel de agua. Una estampa genuinamente sanabresa.

Cascada de Sotillo
Casi en la línea donde el bosque de roble da paso al abedular para convertirse en matorral y pastos, hemos sido testigos de la enorme belleza de la zigena de cinco puntos (Zygaena trifolii), un insecto cuyo género presenta alcanza una buena representación en las montañas ibéricas con más de 20 especies muy similares. Su belleza y singularidad nos hace reflexionar sobre la importancia de los pequeños detalles y no solo en los elementos de mayor espectacularidad.

Imago de Zigena de cinco puntos (Zygaena trifolii)
Atravesando el Arroyo de las Truchas
Los pastizales, turberas y roquedos del altiplano son otro de los ecosistemas que hemos atravesado en nuestro itinerario. La tranquilidad de estos lugares ofrece un potencial enorme a fauna singular. De hecho, el armiño, el gato montés, el lobo, el busardo ratonero, la culebrera europea o la perdiz pardilla son especies que ocupan este nicho de dureza extrema durante el invierno y de intensa insolación estival. Una planta de enorme belleza y abundante en la zona es el brezo de turbera (Erica tetralix).


Erica tetralix
Las lagunas de origen glaciar que salpican aquí y allá el altiplano sanabrés, como la Laguna de Sotillo o la Laguna de Carros enriquecen enormemente el paisaje de esta sierra y albergan especies de vertebrados como la nutria o el desmán ibérico. De hecho los excrementos del mustélido, cargados de espinas y escamas de pequeños pececillos, son fáciles de encontrar en las piedras más destacadas de la orilla de la Laguna de Sotillo. La viscosidad de estos restos, de aspecto aceitoso, tiene que ver con la protección del esfínter anal del animal durante la excreción.

La Laguna de Sotillo y el altiplano sanabrés
Laguna de Carros
Al cambiar de vertiente, las panorámicas del Lago de Sanabria son espectaculares. Y el modelado glaciar que lo rodea más aún; la magnitud y el grosor de las morrenas laterales que limitan el lago por la cara sur, sorprenden al visitante. Desde nuestra atalaya natural se divisa también la práctica totalidad del noroeste zamorano: al norte las montañas de la Cabrera dominadas por El Vizcodillo; al fondo los abiertos valles de La Carballeda con sus pinares y brezales y dos de los embalses que han secuestrado el río Tera (Cernadilla y Valparaiso); a la derecha La Sierra de La Culebra con los pastizales de la comarca de Aliste asomando detrás. Sinceramente impresionante.

Cambiando de vertiente
EL Lago de Sanabria desde los Prados del Campo de Ribadelago
Robledal, Cañón del Tera en el cuadrante sup. izd. y los prados de Seoane en parte central derecha
Un itinerario estupendo. Y un matiz a recordar una vez más a los senderistas (y disculpen los lectores por la insistencia): el envoltorio de un paquete de pañuelos de papel o de un chicle no debe ser “olvidado” nunca en el campo; y si es necesario ¡lo debemos recoger cualquiera de nosotros!

viernes, 5 de julio de 2013

"ALGUIEN LO RECOGERÁ..."


Basura abandonada.

Los ciudadanos que tras merendar al aire libre, han llenado las bolsas de basura de la foto y las han dejado a su suerte, colgadas en un pino piñonero en el pago de Timulos (en Toro, Zamora), habrán pensado quizá que en el campo hay barrenderos, que a diario pasa puntualmente el camión de la basura o que algún alma caritativa la recogerá.

Desgraciadamente todavía es muy común, durante nuestros paseos por el campo, encontrar esta imagen y otras de pequeñas escombreras y basureros distribuidas en las cunetas o esparcidas al amparo de la espesura de cualquier bosquete. Podemos encontrar allí una vieja televisión, un colchón, una oxidada batería o una pila de papelotes y plásticos mezclados con basura orgánica. Y es en este contexto necesario recordad que un frigorífico o un televisor en desuso contiene hasta mil substancias, muchas de ellas tóxicas o muy peligrosas (como el plomo, el mercurio, el arsénico, el cadmio o el selenio). Si estos residuos acaban desperdigados por el campo y no sufren un tratamiento adecuado pueden poner en riesgo el entorno, las capas freáticas, la salud humana y generar impactos visuales. Aunque la conciencia ecológica y la legislación ambiental en materia de residuos están mejorando, todos los esfuerzos deben ser bienvenidos.

Casi el 80% del peso de los residuos urbanos cuenta con materiales que pueden separarse y valorizarse y/o reciclarse. El papel y el cartón pueden reciclarse hasta diez veces; el vidrio o el acero infinitamente. Con los aceites de cocina se pueden fabricar jabones, velas, pinturas, piensos, lubricantes y biodiesel. De las pilas botón se aprovecha el mercurio y de las normales el sulfato de zinc y las sales de manganeso. De las lámparas fluorescentes el vidrio y el mercurio. Los escombros pueden tener un nuevo uso tras una ligera trasformación. Los restos jardinería se destinan al compostaje, para obtener por ejemplo abonos.

A parte de los contenedores azul, amarillo y verde que muchos ya usamos, los puntos limpios son instalaciones donde se recogen gratuitamente gran variedad de residuos. Suelen  funcionar como pequeños circuitos donde están ubicados diferentes contenedores para electrodomésticos, muebles, colchones, puertas, pilas, plásticos, vidrios, bricks, baterías, aceites usados de motores y de cocina, aerosoles, pinturas y disolventes, fluorescentes, restos de poda y orgánicos, etc. Con regularidad un camión visita las instalaciones y transporta estos materiales a los centros de tratamiento para darles allí un final apropiado: la reutilización (volver a utilizar), el reciclado (tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto), la valorización energética (producir energía a partir de un residuo) o la eliminación definitiva y segura.

La mayor parte de los residuos que generamos tienen un destino. “Olvidar” nuestra lata, nuestra botella de agua o nuestra bolsa de basura en el campo no tiene disculpa. ¡No seamos guarros!

miércoles, 26 de junio de 2013

GEOLOGÍA, PAISAJE Y BIODIVERSIDAD EN EL CAÑÓN DEL TERA

Recientemente, hemos realizado una actividad de senderismo e interpretación de la naturaleza en el Parque Natural del Lago de Sanabria y Alrededores. Un grupo de visitantes procedentes de Valladolid (Senderismo Sermar), han conocido de primera mano, las bondades que el medio natural de la comarca sanabresa ofrece al visitante.

Después de la bienvenida y la presentación de los guías de Llobu, acompañados en esta ocasión por la colaboración de María Martín, se explicaron las normas básicas y éticas durante el desarrollo de la actividad: minimizar el pisoteo de la vegetación, no recolectar, no dejar ningún tipo de residuo (incluso orgánico) e intentar mantener el desarrollo de la ruta con el mayor silencio posible.

Escobas y piornos en floración.
  
Interpretando el modelado glaciar de Sanabria.

Iniciamos el itinerario conocido como El Cañón del Tera desde el entorno de San Martín de Castañeda, localidad que conserva un hermoso monasterio de origen cisterciense. El paisaje está dominado en las zonas más bajas y protegidas por bosques de roble melojo y escobas de diferentes especies, como Cytisus scoparius, Cytisus striatus y Cytisus multiflorus; estas leguminosas dominarán el paisaje vegetal cuando ascendemos a mayor altitud, donde la vegetación arbórea ya no tolera los rigores invernales y da paso al piso supraforestal y arbustivo.

Disfrutando del paisaje desde una hombrera glaciar.

El Cañón del Tera en su inmensidad. Las rocas aborregadas definen el paisaje.

En  las zonas más elevadas del recorrido, fuimos testigos de la floración espectacular (pero también tardía comparada con otras zonas de la provincia) de la carqueisa, que ocupa amplias superficies acompañada de algunos brezos. Desde este punto se divisa la inmensidad del Lago de Sanabria (recordemos una vez más, que es el único lago de origen glaciar de la península Ibérica). En ese punto los recursos geológicos son asombrosos y se convierten en los principales protagonistas; el modelado glaciar de estas montañas es el resultado del proceso erosivo generado por la última glaciación que ha conocido la Tierra (la glaciación de Würm), que da finalizado el Pleistoceno y que colmó de hielo este territorio durante 90.000 años, desde los últimos 100.000 hasta hace 10.000 años, alcanzando su máximo, según algunos autores, hace aproximadamente 18.000 años. Desde el altiplano sanabrés, salpicado de  bloques erráticos, nos adentramos en el valle del rio Tera, un espectacular valle en forma de artesa o de U, característico del modelado glaciar; las morrenas laterales, las hombreras glaciares y las rocas aborregadas son elementos presentes en este paisaje de montaña y cuya formación son el resultado de una impresionante lengua de hielo que excavó y dilató el valle fluvial existente previamente.

El robledal en su máxima expresión primaveral.

Los acebos salpican el recorrido, en ocasiones formando acebedas.

Al abrigo del propio valle del Tera, la vegetación adquiere una exuberancia asombrosa. Avellanos, acebedas, serbales de los cazadores, mostajos y robles melojos, ofrecen un tranquilo hábitat a zorro, al tejón, a la marta, al abejero europeo y la culebrera europea; son comunes también reptiles como la víbora hocicuda, la víbora cantábrica y el lagarto verdinegro, integrantes todos ellos de la fauna herpetológica de este entorno.

Lagarto verdinegro soleándose sobre un gneis.

Una parada para coger fuerzas en Las Cuevas de San Martín.

Las espectaculares Cuevas de San Martín.

Las denominadas Cuevas de San Martín, un ombligo glaciar resultado de la presión ejercida por el hielo en el fondo del valle, es otro de los elementos que caracterizan al modelado glaciar y que supone parada obligada para tomar fuerzas durante el desarrollo de esta ruta. Los fresnos y sauces ocupan las zonas frescas y cercanas al río. Los gladiolos silvestres y especialmente los gamones (Asfhodelus albus) son plantas también comunes en este entorno que florecen entre granitos y gneis.

Los gamones (Asphodelus albus) todavía en floración en el Cañón del Tera.
Una hermosa Marmita de Gigante.

Otro de los elementos geológicos singulares que se pueden encontrar en el cauce del Tera, son las dominadas marmitas de gigante (también llamadas kettle, del inglés tetera); estas estructuras son concavidades de forma casi circular formadas por la acción giratoria de fragmentos de rocas duras, que siendo arrastrados por la corriente, caen en algún hueco  y tras girar por el movimiento de las aguas va profundizando y creando una forma redondeada.

El río Tera encajonado en el cañón.

Caminando por el fondo del Cañón del Tera.
En algunos puntos el agua desciende en hermosas cascadas.
Descendiendo por los Lomos de Ballena.

En las inmediaciones de Ribadelago Viejo donde la orientación sur es más patente, nos deleitamos con la presencia de una golondrina dáurica y con una intensa floración de cantuesos. El relato de la tragedia de Ribadelago sorprende una vez más a los visitantes que se acercan a esta localidad para poner punto y final a este hermoso recorrido.

lunes, 10 de junio de 2013

LOS ECOSISTEMAS AGRÍCOLAS TAMBIÉN TIENEN SU PROPIA CRISIS

Recientemente, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) se ha hecho eco de algunos datos procedentes del programa SACRE (Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras) recogidos desde 1998. Esta vez, para demostrar una realidad que ya viene siendo patente para los que, desde hace unos cuantos años, nos movemos y “bicheamos” prismáticos al cuello en los ecosistemas agrícolas.



Paisaje simplificado del centro de Castilla y León.

El modelo agrícola que se ha implantado y potenciado desde hace décadas en diferentes áreas, como la llanura sedimentaria del centro de Castilla y León, esta suponiendo, con ligeras excepciones, una alarmante reducción de las poblaciones de algunas aves vinculadas a estos medios. Según el informe de SEO/Birdlife, la codorniz, la tórtola europea, el alcaudón real, el triguero, la carraca europea, la calandria común, la grajilla occidental o el mochuelo europeo, además del gorrión común y la golondrina común, especies todas ellas frecuentes hasta hace unos años, presentan actualmente unas tendencias demográficas regresivas, un declive poblacional. En Zamora por ejemplo, la carraca es ya una especie que se puede considerar virtualmente extinguida; si bien era común hasta hace un puñado de años en las dehesas de Sayago, o en los campos cercanos a Toro (donde nidificaba en viejos almendros), su observación en la provincia es muy rara y todo parece indicar que  solo aparecen un puñado de individuos en paso.


La simplificación de las riberas es un hecho evidente.
Herbicidas y eliminación de lindes, dos enemigos de la biodiversidad.

Son varias las razones que parecen responsables de esta pérdida de biodiversidad. Por un lado, el afán productivista de numerosas explotaciones agrícolas está simplificando el paisaje de estas zonas y limitado las áreas de refugio, de alimentación y de nidificación de algunas especies. Si no hay árboles ni setos, si escasean las semillas de plantas autóctonas y si no hay insectos, muchas especies no pueden desarrollar sus ciclos vitales.

La pronta recogida de algunos cultivos es perjudicial para algunas especies nidificantes.

La valiosa vegetación que se ha conservado tradicionalmente en las lindes se considera para muchos agricultores “molesta”. Las comunidades de arbustos (endrinos, rosales silvestres y majuelos) y las arboledas (compuestas por almendros y saúcos o álamos en las zonas más frescas), suponen un estorbo  durante las maniobras de la maquinaria agrícola o para la instalación de pivots de riego. Y es además competencia directa con el trigo o con la cebada. Entonces se arranca con los todopoderosos aperos o se quema directamente, a veces con sorprendente descaro y sin más contemplaciones.

Quema de lindero y de vegetación asociada a la ribera.
Escaramujo quemado.
Caracoles abrasados durante la quema de linderos.

Estas drásticas medidas suponen indudablemente varios efectos muy visibles, como la desaparición de millones de invertebrados (saltamontes, escarabajos, hormigas, caracoles, etc.), alimento potencial de numerosas especies y una clara eliminación y simplificación del refugio y de los lugares donde nidificar. De ese modo la tórtola europea, una bella paloma tiempo atrás abundante, no encuentra lugares donde esconder su nido y es cada día más rara. O la perdiz roja, cuyos perdigones aprovechan durante las primeras edades las proteínas animales de los escasos insectos.

¿Hasta cuando tendremos amapolas?


Numerosas especies de plantas hacen solo acto de presencia en las zonas libres de herbicidas.

La crisis de biodiversidad de los medios agrícolas no solo está afectando a las aves. Los anfibios, un grupo sensible a la contaminación química como ninguno, presentan un declive enorme en numerosas zonas. El masivo uso de fertilizantes, herbicidas y plaguicidas acaba contaminando las aguas superficiales y freáticas; de ese modo la silenciosa pero letal contaminación química del medio acuático, está dejando un paisaje mudo en lo que al croar de las ranas se refiere. Aunque existe un protocolo y sistema de recogida de los envases agrarios, SIGFITO (www.sigfito.es) algunos agricultores confían todavía en el “que no pasa nada” y en otros sistemas tradicionales más “cómodos”, como ocultar los recipientes en cualquier lindero o arrojarlos al regato apartado que linda con la parcela.

Vegetación arvense en campo de cereal.

Pero este problema ambiental no está solo siendo perjudicial para la fauna. La flora autóctona compuesta por plantas arvenses (propias de los campos de cultivos) y ruderales (típicas de bordes de caminos y lindes), parece tener su futuro en entredicho; de hecho, numerosas especies que ofrecen enorme belleza, riqueza paisajística y en definitiva indudable biodiversidad, están acorraladas en lindes, cunetas y eriales donde los mortíferos herbicidas no han llegado. La potencia de estos agro-químicos es año tras año más evidente y las malas hierbas no tienen apenas cabida en un paisaje dominado por parcelas mono-específicas de trigo o de cebada, principales cultivos de secano del centro de Castilla y León. Las comunes amapolas, una planta primaveral abundantísima tiempo atrás y de enorme belleza, solo sobrevive y fructifica en los guetos vegetales que el dominio del monocultivo ha acorralado.

Escaramujos limitando parcelas agrícolas.

En las zonas agrícolas el mantenimiento de arboledas y setos es imprescindible para numerosas especies.

Para terminar, el lector se preguntará que hacer en este marco de crisis en la biodiversidad de nuestros campos. Algunas medidas que desde Llobu proponemos son por un lado difundir este mensaje y no aceptar viejos tópicos (como que el zorro o los córvidos son los principales responsables de la escasez de codornices); también os animamos a consumir de productos procedentes de agricultura ecológica (libre de química y respetuosa con el entorno) y a denunciar al Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) la eliminación de las arboledas o el abandono de envases agroquímicos en el campo.